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Me llamo Realidad


Amaneces tres veces.

Hola, me llamo Realidad y vengo a decirte algo que ya comprendes. 
Hay que elegir. Elige. Sí o no, porque no hay otra opción. 
Aunque está la de que me abraces y de repente lo sepa,
o la de tirar una moneda al aire y de repente, faz. 
No espero en las aceras de la suerte,
pero sí en el lapso del lanzamiento. 

Sí. Cara. Accedo. 
Me obligaron tus abrazos,
el sentir del no sentir,
el encontrarme en la orilla de tus ojos,
en el adiós de tu corazón.

La Realidad me vino a ver para decirme que alguien sube al cielo mientras yo me anclo en el suelo.
De necios es negar que fuiste como el acero, pero con pelo.
A pesar de todo, te dejaste hacer,
y haciendo, te vino a buscar un afable fin. 
Buen animal.
Nunca es buen día para elegir, ni para morir.
Aunque siempre es buen día para aceptar.






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