sábado, 27 de febrero de 2016

Taare zameen par



Vengo con una película de las que siempre me hacen pensar en el mundo en el que vivimos, donde el ser diferente (y diferente no es mejor), es sinónimo de burlas, malos tratos, depresiones, frustración y al fin de cuentas, sufrimiento.
Lamentablemente, hay muchas situaciones así que, si bien en la película se puede ver como se produce un cambio y un sinfín de emociones, en la vida real esto no es tan fácil.
Todo esto no quita que no me haya gustado, pues al verla, siempre dará esperanza o simplemente ganas de cambiar algo, aunque sea aportar tu granito de arena y llevarte hacia la motivación y formarte para poder ayudar a niños con las dificultades que, por ejemplo, se pueden ver en la película.

En realidad, se puede criticar la posición de los padres, pero no dejan de ser unos padres con una gran frustración que no toleran y que ya no saben lo que hacer para que su hijo, asumiendo conductas hasta impropias de él, sea un niño capaz de seguir las lecciones de la escuela sin problemas.
El no saber, la desinformación, la poca tolerancia a la frustración, son cosas que están a la orden del día y que se puede observar al visualizar la película. La crítica fácil va antes del entendimiento, porque ¿a quién le importa cómo se pueda sentir un niño? La película hace que te plantees que existe gente buena por el mundo. No todo es blanco. No todo es negro. La llegada del profesor suplente hace explotar las grandes cualidades de Ishaan.

Esta película transmite tantas emociones que bajo mi punto de vista te hace empatizar tanto que es imposible no recurrir a una comparación sobre tu propia vida y la de Ishaan. Pues creo, o al menos en mi caso, que todo el mundo tiene alguien al que agradecerle algo. A todos nos han “salvado” alguna vez o así lo hemos sentido.
Ishaan por su parte, nos sorprende con una gran sonrisa en los brazos del profesor que nunca olvidará.

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